El aumento sostenido en el precio de la carne vacuna volvió a golpear el consumo y aceleró un cambio de hábitos en la mesa de los argentinos. Con valores que rozan los $24.000 a $25.000 por kilo en pulpas especiales, cada vez más hogares optan por alternativas más económicas o directamente migran hacia el cerdo y el pollo.
Según explicó Juan Ramos, de la Sociedad de Carniceros, el comportamiento del cliente está hoy mucho más condicionado por el bolsillo que por la costumbre. La tradicional fidelidad a ciertos cortes perdió peso frente a una lógica más flexible, donde el consumidor busca precio y adapta sus elecciones según el momento del mes.
En ese escenario, el cerdo se consolida como una de las opciones que más terreno ganó. Con pulpas que rondan los $10.000 por kilo, aparece como una alternativa accesible para quienes buscan mantener el consumo de carne sin asumir los costos de la vacuna.
El pollo, en tanto, sigue siendo un pilar por su precio competitivo. Actualmente se ubica entre $4.900 y $5.000 el kilo, con posibilidad de conseguirlo incluso más barato. Esto hace que un pollo entero ronde los $10.000, en línea con algunos cortes porcinos.
Por el contrario, la carne vacuna quedó cada vez más segmentada. Mientras algunos consumidores aún pueden sostener ciertos cortes, otros se ven obligados a reemplazarlos. Piezas tradicionales como la nalga o la cabeza de lomo empiezan a ceder lugar frente a opciones más económicas.
En ese contexto, cobran protagonismo cortes antes menos demandados, como la marucha, el entecot común, el chingolo o la palomita. “La gente usa todo”, resumió Ramos, reflejando una adaptación constante a las condiciones del mercado.
En términos de precios, la pulpa especial se mantiene en torno a los $24.000 el kilo, aunque existen variantes más económicas con diferencias en calidad. Otros cortes vacunos se ubican cerca de los $15.000, marcando una brecha importante dentro del mismo rubro.
El panorama confirma una tendencia que se consolida mes a mes: con la carne vacuna presionando fuerte sobre el presupuesto familiar, el consumo se desplaza hacia opciones más accesibles, con el cerdo y el pollo como los grandes beneficiados de este cambio en la dieta cotidiana.
