ENTREVISTA EXCUSIVA PARTE II

El cerebro cambia toda la vida: qué papel tienen el ejercicio, la alimentación y los vínculos

Gustavo Deco explicó en los micrófonos de Radio Fisherton, que el desarrollo cerebral se extiende aproximadamente hasta los 25 años, pero que la plasticidad continúa durante toda la vida. También habló de las reservas cognitivas, la importancia de mantenerse activo y los primeros resultados científicos sobre meditación.

El cerebro no termina de desarrollarse al llegar a la adultez y tampoco permanece igual durante el resto de la vida. Según explicó el científico rosarino Gustavo Deco, el desarrollo cerebral se produce fundamentalmente hasta alrededor de los 25 años, mientras que después continúa existiendo capacidad de cambio.

“La mayoría de las enfermedades psiquiátricas se desarrollan en la adolescencia”, explicó Deco, aunque aclaró que eso no significa necesariamente que se manifiesten durante esa etapa. Por eso, el estudio del desarrollo cerebral durante esos años constituye una de las líneas de investigación que considera especialmente relevantes.

Pero la posibilidad de modificar el cerebro no desaparece después de esa edad. Para explicarlo, el investigador recordó una frase de un colega neurocientífico estadounidense: “Mi cerebro hoy a la mañana es diferente de mi cerebro hoy a la tarde”, en referencia a que aquello que una persona hace durante el día puede influir en la dirección de esos cambios.

Cuatro factores bajo la lupa

¿Qué se puede hacer entonces para cuidar el cerebro? Deco fue cuidadoso con la respuesta. Dijo que, desde el punto de vista estrictamente científico, todavía no existe una fórmula que garantice un cerebro saludable.

Sin embargo, mencionó el concepto de reserva cognitiva, que comenzó a estudiarse especialmente en relación con el envejecimiento y el Alzheimer. Algunas observaciones muestran una menor incidencia de Alzheimer entre personas con mayor actividad académica, lo que llevó a investigar si la reserva cognitiva acumulada durante el desarrollo y la vida puede tener algún efecto protector.

En ese contexto, Deco enumeró cuatro componentes que aparecen asociados a una evolución saludable: cognición, contacto social, alimentación y actividad física.

Leer, mirar una buena película, aprender, mantener vínculos sociales, participar de actividades y cursos, alimentarse adecuadamente y hacer ejercicio forman parte de ese conjunto. El investigador aclaró, de todos modos, que las investigaciones muestran correlaciones y que no se puede afirmar que realizar esas cuatro actividades garantice por sí solo evitar una enfermedad.

Cerebro y cuerpo: una relación de ida y vuelta

Otro de los conceptos que destacó Deco es que durante mucho tiempo la investigación trató al cerebro como si fuera un órgano separado del resto del organismo.

“Hoy en día sabemos de que el cerebro está en el cuerpo”, señaló, y explicó que existe una relación de influencia mutua entre la actividad cerebral y distintos órganos, entre ellos el estómago, el páncreas y el corazón.

Esa mirada modifica también la forma de entender los problemas de salud mental. Para Deco, el funcionamiento cerebral no puede analizarse de manera completamente aislada de lo que sucede en el resto del organismo.

Qué se sabe sobre la meditación

La meditación también forma parte de las investigaciones actuales de Deco. El científico participa de un proyecto internacional dedicado a estudiar sus efectos y contó que uno de los trabajos realizados junto con la psiquiatría de Ámsterdam comparó tratamientos clásicos para la depresión con tratamientos que combinaban esas terapias con mindfulness.

Según relató, en la rama que incorporó mindfulness se observó un efecto positivo, aunque aclaró que la investigación científica todavía intenta determinar exactamente cuáles son los mecanismos involucrados.

Deco explicó que los estudios sobre meditación buscan determinar qué ocurre en el cerebro de meditadores expertos y compararlo con el de personas que meditan menos o que no lo hacen. Una de sus hipótesis es que los efectos podrían estar relacionados con el sistema atencional, funcionando como una suerte de filtro frente a las distracciones.

“Lo que se hace es un poco un filtro atencional de todo el ruido”, sostuvo.

El investigador, de todos modos, marcó una diferencia entre lo que está demostrado y aquello que todavía se encuentra bajo estudio: se observan diferencias entre los grupos, pero todavía no se sabe con certeza si todas esas diferencias son positivas ni exactamente a qué se deben.

En un mundo atravesado por una cantidad creciente de estímulos, esa pregunta empieza a adquirir cada vez más relevancia. Y para Deco, justamente, allí hay otro de los grandes campos que la neurociencia recién está comenzando a explorar.