La crisis en Cuba se profundiza y ya impacta en todos los aspectos de la vida cotidiana. Apagones masivos, falta de alimentos, escasez de medicamentos y una fuerte crisis energética configuran un escenario cada vez más complejo, según relató el sacerdote Alberto Reyes, de la arquidiócesis de Camagüey, en diálogo con una radio argentina.
“El país lleva años en crisis, esto no es nuevo, pero ha empeorado”, afirmó el Padre Reyes en diálogo con Marcelo Fernández. Los cortes de electricidad, la falta de combustible y el desabastecimiento forman parte de una realidad estructural que condiciona incluso tareas básicas. Como ejemplo, contó que no puede trasladarse a las comunidades que atiende: “Tengo 13 pueblos y hoy no tengo combustible para visitarlos”.
El acceso al combustible es uno de los principales problemas. La gasolina escasea y, cuando aparece en el mercado informal, alcanza valores inaccesibles para la mayoría de la población. A eso se suma un sistema de venta limitado y en dólares que deja a muchos sin posibilidad de compra.

En paralelo, el deterioro del poder adquisitivo expone niveles alarmantes de pobreza. Reyes detalló que una pensión promedio no alcanza siquiera para comprar un cartón de huevos y que productos básicos, como el aceite, tienen precios muy elevados. “La gente está pasando hambre”, resumió.
La situación social se agrava por el contexto político. El sacerdote denunció un sistema sostenido por la represión y la falta de garantías judiciales, donde cualquier manifestación puede derivar en detenciones y condenas. “Si el gobierno te acusa, vas a la cárcel sí o sí”, sostuvo, y remarcó que el miedo limita cualquier intento de organización social.
Además, explicó que la vida cotidiana está marcada por la supervivencia, lo que dificulta la protesta: “Cuando tu preocupación es qué darle de comer a tus hijos, es muy difícil pensar en organizarse”.
En ese marco, describió un nivel de pobreza “gigantesco” y situaciones de extrema precariedad. Incluso mencionó casos de jóvenes que no consumen leche porque nunca tuvieron acceso a ella. “Hay una miseria que muchas veces es imposible de superar”, afirmó.

Sin embargo, destacó un cambio clave en los últimos años: el acceso a internet y las redes sociales permitió a los cubanos conocer otras realidades y romper el aislamiento informativo. Esto, dijo, también generó nuevas formas de protesta, aunque el gobierno responde con cortes del servicio ante cualquier movilización.
Respecto al futuro, Reyes aseguró que crece la esperanza de un cambio, aunque advirtió que la falta de experiencia en democracia y la ausencia de liderazgos complican una transición. “El pueblo quiere libertad, pero necesita que el proceso sea ordenado”, explicó.
Por último, subrayó que la emigración se convirtió en una salida masiva. “Aquí todo el mundo se quiere ir”, aseguró. Según relató, muchos venden todo lo que tienen para abandonar el país y buscar oportunidades en el exterior.
A pesar del panorama crítico, el sacerdote afirmó que nunca antes había percibido tanta expectativa social: “La gente siente que la libertad está más cerca que nunca”.
