La escena parece salida de una película futurista, pero ocurre en una estación de servicio de Roldán. Dos robots, Panda y Amy, comenzaron a trabajar como asistentes, llevando pedidos directamente a las mesas y transformando por completo la experiencia de los clientes.
La novedad genera sorpresa, curiosidad y entusiasmo. Familias, grupos de amigos y visitantes se acercan especialmente para verlos en acción, sacarse fotos y compartir videos en redes sociales. La propuesta rápidamente se convirtió en un atractivo en sí mismo.
El funcionamiento es simple pero efectivo. Los empleados colocan los pedidos en las bandejas del robot, lo programan y el dispositivo se dirige de forma autónoma a la mesa indicada. Una vez allí, el cliente retira su orden y el robot regresa a su punto de partida.
Desde el lugar destacan que muchos clientes vuelven acompañados para mostrar la experiencia, lo que potencia el boca a boca y refuerza el impacto de la innovación.

La iniciativa surgió tras observar este tipo de tecnología en China, donde ya es habitual en hoteles y restaurantes de alta gama. Inspirado en ese modelo, el propietario decidió apostar por su implementación en Argentina.
El resultado fue inmediato: la interacción con los robots se volvió casi obligada para quienes visitan el espacio, ya sea para fotografiarlos, grabarlos o simplemente ver cómo funcionan.
Lejos de reemplazar puestos de trabajo, los robots actúan como complemento del personal, que sigue siendo clave en la operación. Son los empleados quienes cargan los pedidos y configuran los recorridos.
Así, la incorporación de esta tecnología no solo mejora la eficiencia y organización del servicio, sino que también suma un diferencial innovador que redefine la experiencia del cliente.

