El Gobierno amplió el acceso de las empresas al financiamiento bancario en dólares y habilitó a las entidades a utilizar sus depósitos en moneda extranjera para otorgar préstamos a personas jurídicas que incluso generan sus ingresos principalmente en pesos.
La medida, impulsada por el ministro de Economía, Luis Caputo, busca ampliar el crédito corporativo y reducir el costo de financiamiento para compañías que necesitan recursos para invertir, producir o aumentar su capacidad, pero enfrentan tasas elevadas en pesos.
Hasta ahora, el crédito en dólares estaba concentrado principalmente en empresas exportadoras o con mecanismos específicos de cobertura cambiaria. El nuevo esquema amplía el universo de potenciales tomadores, aunque incorpora límites y requisitos para contener los riesgos financieros.
El límite del 15%
Uno de los principales puntos de la nueva normativa es el límite establecido por el Banco Central (BCRA): los préstamos otorgados bajo este régimen a clientes que no estaban incluidos en los destinos tradicionales no podrán superar, en conjunto, el 15% de los depósitos en dólares de cada banco.
Además, las entidades deberán afrontar mayores exigencias prudenciales. El requisito de capital mínimo será equivalente al 125% del correspondiente a financiaciones comparables, mientras que estas operaciones computarán 1,25 veces para los límites de exposición crediticia.
Los bancos también deberán evaluar la capacidad de repago de las empresas ante distintos escenarios de variación del tipo de cambio.
El objetivo es ampliar el crédito sin permitir que el sistema financiero acumule una exposición excesiva frente a empresas que se endeudan en dólares pero generan sus ingresos en pesos.
La apuesta por los dólares fuera del sistema
Detrás de la flexibilización del crédito aparece otro objetivo del Gobierno: lograr que una mayor cantidad de dólares actualmente fuera del circuito financiero ingrese a los bancos.
La lógica oficial apunta a que un crecimiento de los depósitos en moneda extranjera permita a las entidades aumentar su capacidad prestable y, al mismo tiempo, ofrecer mejores condiciones a los ahorristas.
Caputo vinculó la medida con una estrategia más amplia de profundización de la intermediación financiera y competencia de monedas, con la intención de canalizar el ahorro privado hacia la economía formal.
El Gobierno busca así transformar dólares que permanecen inmovilizados en efectivo en depósitos, préstamos e inversión productiva.
Los dólares prestados deberán convertirse en pesos
El nuevo esquema también tiene un posible impacto sobre el mercado cambiario.
Las empresas que reciban estos préstamos deberán liquidar los dólares en el Mercado Único y Libre de Cambios, es decir, convertirlos en pesos para utilizarlos dentro de la economía local.
Desde el Gobierno estimaron que el mecanismo podría generar entre u$s3.000 millones y u$s10.000 millones adicionales de oferta de divisas, mientras que Caputo también mencionó una capacidad potencial de préstamos de hasta u$s30.000 millones.
Se trata de estimaciones oficiales y no implican que esos montos vayan a concretarse automáticamente.
La apuesta consiste en generar un circuito en el que los dólares ingresen a los bancos, se transformen en crédito y parte de esos fondos termine convirtiéndose en pesos, aumentando potencialmente la oferta de divisas en el mercado.
Qué empresas pueden beneficiarse
La medida puede resultar especialmente atractiva para compañías cuyos ingresos están principalmente en pesos pero necesitan financiamiento para inversiones, bienes de capital o ampliaciones de capacidad.
Entre los sectores mencionados por Caputo aparecen la construcción y la industria automotriz, aunque el nuevo régimen alcanza al universo de personas jurídicas que cumplan con las condiciones establecidas por el BCRA.
Para las empresas, la principal ventaja será acceder a una fuente de financiamiento que podría tener un costo menor al de las alternativas en pesos.
Pero existe un riesgo que será determinante: una compañía que cobra en pesos y se endeuda en dólares queda expuesta a una eventual suba del tipo de cambio.
El riesgo que explica las restricciones
La limitación histórica al crédito en dólares responde precisamente al temor al descalce cambiario. Una empresa que genera ingresos en pesos puede ver multiplicado el valor de su deuda en moneda local ante una fuerte depreciación.
La experiencia de la crisis de 2001-2002 dejó en evidencia ese problema y es uno de los motivos por los que el BCRA acompañó la apertura con mayores requisitos de capital y controles sobre la capacidad de repago.
La nueva normativa busca encontrar un equilibrio: permitir que haya más crédito en moneda extranjera sin trasladar de manera excesiva el riesgo cambiario a los bancos.
Una apuesta por poner los dólares a trabajar
El Gobierno apunta a modificar una de las características centrales del sistema financiero argentino: una parte importante del ahorro en dólares permanece fuera de los bancos.
La estimación citada por iProfesional ubica en torno a u$s7.000 millones la capacidad prestable que actualmente permanece sin utilizar. El desafío será conseguir que una porción mayor de esos recursos se transforme en crédito productivo.
La medida puede generar, en ese sentido, un nuevo circuito financiero: más depósitos en dólares, mayor capacidad de préstamo, menores costos para las empresas y una potencial mayor oferta de divisas.
El resultado dependerá de cuánto crédito efectivamente otorguen los bancos, las tasas que ofrezcan y, sobre todo, de cuántos ahorristas decidan sacar sus dólares del efectivo para depositarlos en el sistema.
Por eso, la flexibilización no implica una liberalización sin límites. El Gobierno abre el acceso al crédito en dólares, pero el BCRA mantiene un límite del 15%, exige mayor respaldo de capital y obliga a las entidades a contemplar escenarios de riesgo cambiario.
La verdadera apuesta es que los dólares de los argentinos dejen de estar inmovilizados y vuelvan a circular dentro de la economía, esta vez a través del sistema financiero y del crédito a las empresas.
