El episodio ocurrió a pocos metros del corredor específico para nadadores, un sector delimitado y con supervisión de guardavidas.
La protagonista del hecho es Andrea, quien relató que las mordeduras afectaron su rodilla y algunos dedos, aunque aclaró que las lesiones no revistieron gravedad. “No pasó a mayores, pero la situación es feíta en el momento, cuando sentís que son varios bichos que intentaron morder”, describió.
El ataque se produjo dentro del carril natatorio, a la altura del puesto 3 de guardavidas. La nadadora remarcó que no se encontraba en la orilla, sino nadando mar adentro cuando sintió las mordidas. Tras el episodio, logró dirigirse rápidamente hacia la zona boyada de playa para pedir ayuda y recibir atención.
Andrea también explicó cómo es la reacción recomendada ante este tipo de situaciones. “El tema es el momento en el que sucede: no entrar en pánico, tratar de no asustarse y entender que hay que salir rápido del agua porque la sangre las atrae más”, señaló. Además, advirtió que los movimientos bruscos pueden incrementar la agresividad de estos peces.
En relación a las posibles causas del ataque, la nadadora mencionó una combinación de factores ambientales. “Hay una multiplicidad de factores: los camalotes que se amontonan, el río que está creciendo y trae esa mugre”, explicó. A eso se suma la seguidilla de días de altas temperaturas, que mantiene el agua templada y favorece la presencia de palometas.
“Por suerte, me dirigí rápido a la parte playa del boyado para poder pedir ayuda, salir de la situación y ocuparnos de limpiar y sanar las heridas”, concluyó.
