El debate por la tarifa de taxis en Rosario volvió a instalar tensiones dentro del propio sector. Aunque distintas entidades solicitaron una actualización cercana al 30% y un nuevo estudio de costos, un grupo de titulares plantea una postura opuesta: sostienen que incrementar el valor del viaje podría acelerar la caída de la demanda y agravar la situación económica de la actividad.
La discusión no se limita al porcentaje del eventual ajuste, sino que expone diferencias sobre cómo enfrentar un escenario marcado por menor cantidad de viajes, recesión y competencia con plataformas digitales.
El pedido original de aumento
Organizaciones como Catiltar, Camtar y Attyr promovieron la necesidad de revisar los costos operativos del servicio. Según estimaciones del sector, existiría un desfasaje que oscilaría entre el 40% y el 50% entre ingresos y gastos.
Además del reclamo tarifario, también se reactivó el análisis de proyectos que permitirían incorporar publicidad en taxis y en el transporte urbano como mecanismo complementario de financiamiento.
Quienes impulsan la suba consideran que la actualización es indispensable para cubrir combustible, mantenimiento, seguros y demás costos que impactan en la estructura económica del servicio.
La postura de los titulares que rechazan la suba
En contraposición, otro grupo de propietarios sostiene que modificar el reloj en el contexto actual podría resultar contraproducente. Argumentan que la actividad atraviesa un período de baja utilización de las unidades, con extensos recorridos sin pasajeros.
Según este sector, la recesión económica redujo la circulación de dinero y afectó tanto al taxi tradicional como a las aplicaciones de viajes. En ese escenario, elevar la tarifa podría desalentar aún más a los usuarios y provocar una caída adicional en la demanda.
La preocupación central radica en que un aumento, lejos de recomponer ingresos, termine reduciendo la cantidad de viajes y profundizando la crisis.
El eje en las tarifas preferenciales
Otro punto de conflicto interno gira en torno a los viajes con tarifa promocional para jubilados y personas con discapacidad. Algunos titulares proponen revisar ese esquema, limitarlo a beneficiarios que perciban el haber mínimo y establecer franjas horarias específicas.
Desde esa mirada, el diferencial tarifario es absorbido directamente por el trabajador, lo que impacta en la rentabilidad diaria de cada unidad.
Un sector dividido ante la crisis
La discusión refleja un escenario complejo para el taxi rosarino. Mientras una parte del sector considera imprescindible recomponer la tarifa para equilibrar costos, otra entiende que la prioridad es sostener la demanda y evitar medidas que puedan retraer aún más la actividad.
El debate continúa abierto y deberá definirse en el ámbito institucional correspondiente, en un contexto económico que condiciona todas las alternativas.
