La guerra abierta entre Israel y Irán entró en una nueva fase tras una masiva ofensiva aérea israelí contra instalaciones petroleras estratégicas en Teherán, un golpe que agrava la tensión regional y amenaza con extender el conflicto más allá de Medio Oriente.
En la octava jornada de hostilidades, la Fuerza Aérea israelí lanzó una oleada de ataques contra reservas de crudo y refinerías clave en la capital iraní, provocando incendios de gran magnitud y densas columnas de humo que cubrieron parte del cielo metropolitano. El operativo se suma a los daños registrados previamente en el Aeropuerto de Mehrabad, que también sufrió incendios tras bombardeos recientes.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, aseguró que la ofensiva “está cambiando el rostro de la región” y confirmó que la campaña militar continuará sin interrupciones. “La guerra contra Irán seguirá con toda la fuerza”, afirmó en un mensaje televisado tras el cierre del sabbat.
Según fuentes militares israelíes, el objetivo de los ataques es debilitar la capacidad logística y energética del régimen iraní, especialmente en lo que respecta al suministro de recursos a sus aliados regionales. Las operaciones también mantienen bajo seguimiento a integrantes del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, considerados objetivos prioritarios.
Advertencias desde Teherán
La respuesta iraní no tardó en llegar. El presidente Masoud Pezeshkian rechazó cualquier posibilidad de capitulación y denunció que los bombardeos israelíes habrían alcanzado infraestructura civil, incluidos hospitales y escuelas. “La idea de que Irán aceptará una rendición incondicional es un sueño que nuestros enemigos se llevarán a la tumba”, declaró.
Sin embargo, el foco de mayor preocupación internacional se trasladó rápidamente al plano marítimo. Autoridades militares iraníes advirtieron que podrían bloquear el estratégico Estrecho de Ormuz, paso clave por donde transita cerca del 20% del petróleo comercializado en el mundo.
Fuentes vinculadas a la Guardia Revolucionaria señalaron que sus fuerzas están preparadas para “convertir el Golfo en un cementerio de buques invasores”, una amenaza que ya encendió alarmas en los mercados energéticos y obligó a potencias occidentales a evaluar escoltas militares para buques petroleros.
Un conflicto que se expande
El enfrentamiento dejó de ser una sucesión de ataques aislados para transformarse en una guerra de desgaste con múltiples frentes activos. Israel intensificó operaciones en el Líbano y ordenó evacuaciones en sectores de Beirut, mientras Irán responde con lanzamientos de misiles hacia territorio israelí, poniendo a prueba los sistemas de defensa en ciudades como Tel Aviv y Jerusalén.
En paralelo, Netanyahu destacó el respaldo de Washington y agradeció públicamente al presidente estadounidense Donald Trump por su “liderazgo histórico”, señalando que la alianza entre ambos países atraviesa uno de sus momentos más estrechos.
Con el conflicto escalando día tras día, la comunidad internacional observa con creciente preocupación una crisis que amenaza con alterar el equilibrio geopolítico global y el mercado energético mundial, mientras las posibilidades de una tregua parecen cada vez más lejanas.
