ENTREVISTA EXCLUSIVA

Osteoporosis: por qué puede avanzar sin síntomas y cuáles son las fracturas que deben encender las alarmas

La reumatóloga y osteóloga Gisela Kluwak explicó que la enfermedad puede desarrollarse durante años sin manifestaciones y que muchas veces se detecta recién después de una fractura. En diálogo con Marcelo Fernández en Radio Fisherton, detalló cuándo realizar una densitometría, cómo prevenirla y por qué es fundamental actuar después de una fractura por fragilidad.

La osteoporosis es una enfermedad que puede avanzar silenciosamente durante años, debilitando los huesos sin que la persona advierta lo que está sucediendo. En muchos casos, el primer signo de alerta aparece cuando se produce una fractura. Por eso, la prevención, los controles oportunos y la detección de los factores de riesgo son fundamentales para evitar complicaciones.

Así lo explicó la Dra. Gisela Kluwak, médica reumatóloga y osteóloga del Grupo Oroño e integrante de su Unidad de Salud Ósea, durante una entrevista con Marcelo Fernández en Radio Fisherton.

“La osteoporosis es una patología silente que genera una alteración, ya sea en la cantidad o en la calidad del hueso, que lo condiciona a que sea más débil o más frágil y, por ende, a que sea más fácil de quebrarse”, explicó la especialista.

Una enfermedad que no avisa

Uno de los principales problemas de la osteoporosis es que no suele presentar síntomas antes de que se produzca una fractura. Una persona puede perder densidad mineral ósea año tras año sin tener señales que le permitan advertirlo.

“La manifestación clínica de la osteoporosis es la fractura. No avisa antes, avisa cuando se fractura y ahí llegamos un poco tarde”, advirtió Kluwak.

En cuanto a su incidencia, señaló que es más frecuente en mujeres que en hombres: aproximadamente una de cada tres mujeres y uno de cada cinco varones puede verse afectado. Sin embargo, remarcó que los hombres también deben ser estudiados, ya que cuando presentan osteoporosis o fracturas por fragilidad, los cuadros suelen ser más complejos.

A qué edad hay que hacerse controles

La especialista destacó la importancia de los estudios de detección, especialmente a partir de determinadas edades. Según las recomendaciones que mencionó durante la entrevista, la densitometría ósea debe realizarse en mujeres desde los 65 años y en varones a partir de los 70.

Se trata del estudio que permite evaluar la densidad mineral de los huesos y detectar alteraciones que pueden incrementar el riesgo de fracturas.

No obstante, aclaró que esos parámetros no son iguales para todas las personas. Existen situaciones en las que los controles deben comenzar mucho antes, independientemente de la edad.

Entre los factores que pueden predisponer al desarrollo de osteoporosis mencionó:

  • El uso crónico y sostenido de corticoides, especialmente en tratamientos prolongados.
  • Determinados medicamentos utilizados en pacientes con VIH.
  • La diabetes, que puede alterar la microarquitectura ósea.
  • Otras enfermedades y condiciones que afectan la cantidad o la calidad del hueso.

Por eso, insistió en que la evaluación debe contemplar los antecedentes y las características particulares de cada paciente.

La prevención empieza en la infancia

Uno de los conceptos centrales que dejó la entrevista es que el cuidado de los huesos no comienza en la vejez, sino durante las primeras etapas de la vida.

Kluwak explicó que durante la infancia y la adolescencia se desarrolla progresivamente la masa ósea, que alcanza su máximo nivel aproximadamente entre los 25 y los 30 años. Ese capital constituye la reserva que permitirá afrontar las etapas posteriores.

“El esqueleto se cuida desde la infancia”, remarcó.

Si bien la genética y los factores hormonales tienen una influencia importante en el desarrollo óseo, existen hábitos sobre los que sí es posible intervenir. La alimentación, el ejercicio físico y, fundamentalmente, el desarrollo de la masa muscular son elementos centrales para proteger los huesos.

“Músculo y hueso van de la mano, trabajan juntos a lo largo de toda la vida”, explicó.

En materia nutricional, destacó la importancia del calcio y la vitamina D, nutrientes esenciales para la mineralización y el mantenimiento de la estructura ósea. Los lácteos constituyen una fuente importante, aunque también existen alternativas de origen animal y vegetal para quienes presentan intolerancia.

Además, señaló que los requerimientos nutricionales cambian según la etapa de la vida y que lo recomendable es abordar la prevención y el tratamiento con un equipo interdisciplinario, que incluya profesionales de la nutrición.

Las cinco fracturas que deben generar una consulta

Cuando la osteoporosis no se detecta previamente, las fracturas pueden convertirse en la primera manifestación de la enfermedad. Sin embargo, no todas tienen el mismo significado ni implican idénticos riesgos.

La especialista identificó cinco tipos de fracturas por fragilidad que deben encender las alarmas y motivar una evaluación de la salud ósea:

  1. Cadera.
  2. Vértebras.
  3. Húmero proximal, en la zona cercana al hombro.
  4. Pelvis.
  5. Muñeca.

Kluwak hizo especial hincapié en las fracturas de muñeca, porque muchas veces reciben menos atención desde el punto de vista de la salud ósea. Explicó que, una vez resuelta la lesión por parte del traumatólogo, el paciente debe ser derivado para investigar por qué se produjo la fractura y determinar si existe una osteoporosis subyacente.

También advirtió sobre la importancia de las fracturas de cadera, especialmente en adultos mayores, que suelen presentar otras enfermedades, fragilidad y tratamientos con múltiples medicamentos.

Según indicó, la mortalidad asociada a este tipo de fracturas ronda entre el 20% y el 25%. Además, algunos pacientes pueden quedar con dificultades para caminar, dependencia o necesidad de dispositivos para movilizarse.

El riesgo de volver a fracturarse

Otro aspecto importante es lo que sucede después de una primera fractura. Kluwak explicó que estos pacientes tienen un riesgo duplicado de sufrir una nueva fractura por fragilidad durante los siguientes 12 a 24 meses.

En esos casos, el tratamiento no puede limitarse a garantizar el aporte de calcio y vitamina D. Es necesario evaluar el riesgo individual y, cuando corresponde, indicar tratamientos farmacológicos específicos, además de establecer pautas de cuidado, rehabilitación y actividad física.

La especialista explicó que la osteoporosis se clasifica según distintos niveles de riesgo: bajo, moderado, alto, muy alto y riesgo inminente. Esta última categoría corresponde a quienes acaban de sufrir una fractura por fragilidad y necesitan una intervención especialmente oportuna.

Un abordaje interdisciplinario

La Unidad de Salud Ósea del Grupo Oroño trabaja con un equipo integrado por distintas especialidades para abordar tanto la prevención como el tratamiento y la recuperación de los pacientes.

Según detalló Kluwak, participan profesionales de reumatología, traumatología, kinesiología, fisiatría y medicina del deporte. El objetivo es evaluar cada caso, indicar los tratamientos necesarios y acompañar la rehabilitación posterior a las fracturas.

Finalmente, la especialista dejó una recomendación que atraviesa toda la entrevista: cualquier fractura por un traumatismo mínimo debe motivar una consulta médica, independientemente de la edad del paciente.

Muchas veces, una caída que parece explicar una lesión es, en realidad, la consecuencia de un hueso que ya estaba debilitado. Detectar esa situación y estudiar sus causas puede ser determinante para evitar nuevas fracturas y preservar la calidad de vida.