El histórico edificio de La Favorita atraviesa un nuevo capítulo de incertidumbre tras la salida anticipada de la empresa Onatisur, encargada de la explotación comercial del inmueble ubicado en la esquina de Sarmiento y Córdoba, en pleno centro de Rosario.
La rescisión del contrato, que originalmente se extendía hasta octubre de 2027, fue formalizada el pasado 20 de mayo y reconfigura completamente el escenario del emblemático edificio, abriendo nuevamente negociaciones con potenciales inversores.
La firma encabezada por Guillermo Nudemberg tomó la decisión luego de varios meses marcados por la caída de ventas, el bajo flujo de público y la salida de numerosos locales comerciales que funcionaban dentro del complejo.
Caída de actividad y diferencias económicas
El deterioro de la actividad ya había obligado el año pasado a renegociar las condiciones económicas del contrato. En ese momento, las partes acordaron reducir el canon locativo fijo y sumar un componente variable vinculado al nivel de facturación general.
Sin embargo, el consumo nunca alcanzó los niveles esperados para activar ese esquema adicional, profundizando las tensiones entre la desarrolladora y el fideicomiso propietario del inmueble durante los primeros meses de este año.
La ruptura definitiva se produjo en medio de acusaciones cruzadas por supuestos incumplimientos vinculados al mantenimiento edilicio.
Desde Onatisur argumentaron que el fideicomiso no realizó reparaciones estructurales necesarias, mencionando entre los ejemplos una escalera mecánica fuera de servicio. En cambio, los propietarios —integrados por miembros de la familia García— rechazaron esa versión y sostuvieron que esas tareas correspondían exclusivamente a la empresa explotadora.
Además, reclamaron deudas pendientes correspondientes a los alquileres de abril y mayo.
Nuevos interesados y futuro abierto
Más allá del conflicto económico, la salida de Onatisur elimina uno de los principales condicionantes legales para redefinir el futuro comercial del edificio.
Según trascendió, los propietarios ya retomaron conversaciones informales con grupos empresarios uruguayos y capitales chinos que habían mostrado interés en desembarcar en el proyecto, tanto para asumir la operación comercial como para evaluar otros posibles desarrollos sobre el inmueble.
La empresa saliente, además, resignó una cláusula contractual que contemplaba una compensación de 300 mil dólares en caso de no renovación del acuerdo en 2027.
El desenlace vuelve a poner bajo la lupa el desafío de revitalizar uno de los edificios más emblemáticos del centro rosarino, golpeado en los últimos años por la caída del consumo y la transformación del comercio urbano.
