ECONOMÍA CIRCULAR

Santa Fe mira la basura como problema, mientras otros ya la transforman en negocio

La gestión de residuos industriales especiales mueve millones y abre una nueva discusión en la provincia: pasar de un modelo basado en tratamiento y disposición final a uno que genere inversiones, energía, empleo y nuevas cadenas productivas.

La basura dejó de ser únicamente un problema ambiental para convertirse en una oportunidad económica que Santa Fe todavía no termina de explorar. Mientras otras provincias y ciudades avanzan en proyectos para transformar residuos en combustibles, materiales y energía, la provincia continúa con una regulación enfocada principalmente en controlar y disponer.

El negocio detrás de los residuos industriales especiales es uno de los más sensibles y menos visibles de la economía santafesina. Puertos, industrias aceiteras, plantas químicas, agroexportadoras y grandes establecimientos fabriles generan cada año miles de toneladas que requieren transporte, tratamiento y disposición bajo estrictos controles ambientales.

Ese mercado concentra pocos operadores y suele estar atravesado por discusiones sobre habilitaciones, capacidad instalada y nuevas inversiones. La disputa actual expone una pregunta más profunda: ¿Santa Fe está regulando residuos para administrarlos o para convertirlos en una nueva actividad económica?

El debate no implica reducir controles ni flexibilizar normas ambientales. La discusión pasa por definir si el esquema vigente está preparado para atraer tecnologías, inversiones y nuevos modelos vinculados a la economía circular.

La normativa provincial, basada en la Ley 11.717 de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable y el Decreto 1844/02 sobre gestión de residuos peligrosos y especiales, fue diseñada en un contexto donde la prioridad era ordenar un sistema que necesitaba controles y trazabilidad.

Pero el escenario cambió. En distintos mercados internacionales, materiales que antes eran considerados descartes comenzaron a utilizarse como insumos para producir combustibles alternativos, energía o productos reutilizables.

Allí aparece una de las principales tensiones: Santa Fe busca inversiones productivas en múltiples sectores, pero la regulación de residuos todavía está orientada más al tratamiento que a la valorización económica.

Algunas experiencias muestran otro camino. En Córdoba, empresas vinculadas a la industria cementera avanzaron con proyectos para utilizar residuos como combustibles alternativos, reduciendo el uso de fuentes tradicionales y generando nuevas cadenas de valor.

También San Juan incorporó herramientas regulatorias orientadas al reciclaje, la recuperación y el aprovechamiento de residuos industriales, con una mirada más vinculada a la economía circular.

El contraste plantea un interrogante para Santa Fe: si la provincia puede recibir residuos de otras jurisdicciones para su tratamiento, ¿por qué no discutir con mayor profundidad cómo ampliar la capacidad instalada, incorporar nuevas tecnologías y generar valor a partir de esos materiales?

La discusión también tiene impacto económico para municipios e industrias. Rosario y otras grandes ciudades destinan recursos crecientes a recolectar, transportar y disponer residuos que, en algunos casos, podrían convertirse en insumos productivos.

El desafío no pasa por pensar que la basura resolverá por sí sola los problemas económicos de la provincia. Pero sí por reconocer que existen tecnologías y experiencias que muestran que una parte de esos residuos puede dejar de ser un costo y convertirse en una oportunidad.

Mientras Santa Fe continúa discutiendo cómo administrar el sistema actual, otras regiones ya avanzan en otra pregunta: cómo construir un negocio circular a partir de lo que hoy termina enterrado.

La diferencia puede traducirse en nuevas plantas industriales, empleo calificado, inversión privada e innovación tecnológica. El debate de fondo ya no parece ser quién controla la basura, sino cuánto desarrollo económico podría estar perdiéndose junto con ella.