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El Niño no será un “Súper Niño”, pero Santa Fe debe prepararse para lluvias intensas e inundaciones

La investigadora del Conicet Gabriela Müller explicó cómo evoluciona el fenómeno, qué impacto puede tener en la provincia y por qué no es posible anticipar con precisión el comportamiento de las lluvias y los ríos.

El fenómeno El Niño se encuentra en plena evolución y los principales modelos climáticos anticipan un evento fuerte a muy fuerte, con mayor desarrollo durante la primavera y el verano. Sin embargo, desde el Conicet aclararon que no existe una categoría científica denominada “Súper Niño” y advirtieron que el impacto regional dependerá también de otros factores climáticos.

La explicación estuvo a cargo de Gabriela Müller, doctora en Ciencias de la Atmósfera y los Océanos, investigadora principal del Conicet y directora del Centro de Estudios de Variabilidad y Cambio Climático (CEVARCAM), que funciona en la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas de la Universidad Nacional del Litoral.

En Santa Fe, donde fue declarada la emergencia hídrica, el fenómeno genera preocupación entre autoridades, productores, trabajadores rurales, pescadores y familias que ya comenzaron a tomar medidas preventivas frente a posibles excesos de agua.

Qué implica El Niño para Santa Fe

Müller explicó que el El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) es un fenómeno natural que surge de la interacción entre el océano y la atmósfera en el Pacífico ecuatorial.

“El Niño es la fase positiva del ENOS y suele provocar excesos de lluvias en algunas regiones del planeta, como el sudeste de Sudamérica”, señaló. En cambio, su fase negativa, conocida como La Niña, suele asociarse con períodos de sequía.

Para la provincia, el fenómeno tiene especial relevancia porque aumenta la probabilidad de precipitaciones por encima de los valores normales, en una región que ya presenta una elevada variabilidad interanual de las lluvias.

De todos modos, la especialista remarcó que la intensidad del fenómeno no permite determinar por sí sola cuáles serán sus consecuencias concretas. “No hay dos El Niño iguales”, sostuvo, ya que los impactos dependen de la combinación con otros moduladores del sistema climático.

Cómo se determina la intensidad

El diagnóstico de El Niño se realiza a partir de distintos indicadores. Uno de ellos mide la temperatura superficial del océano Pacífico ecuatorial, especialmente en la región conocida como Niño 3.4.

Para que se declare un evento El Niño, la temperatura debe ubicarse 0,5 °C por encima de lo normal y mantenerse así durante al menos cinco períodos trimestrales consecutivos y superpuestos. En La Niña, la anomalía debe ser inferior a -0,5 °C durante el mismo período.

También se analiza el Índice de Oscilación del Sur (IOS), que observa las diferencias de presión atmosférica entre Tahití y Darwin, Australia. Durante El Niño, el índice suele ser negativo.

Müller describió el proceso como un mecanismo de retroalimentación: un cambio en la temperatura del Pacífico debilita los vientos alisios, modifica la presión atmosférica y genera condiciones que profundizan el fenómeno.

Cuándo podría finalizar

Según la investigadora, los modelos climáticos internacionales estiman que El Niño tendrá su mayor desarrollo durante la primavera y el verano. Luego comenzaría a debilitarse paulatinamente hasta el otoño y podría finalizar durante el invierno próximo.

No obstante, aclaró que el fenómeno no actúa de manera aislada. Otros patrones atmosféricos y oceánicos pueden moderar o intensificar sus efectos, por lo que las proyecciones deben interpretarse con cautela.

En ese sentido, Müller desmintió la denominación “Súper Niño”. Explicó que se trata de una expresión instalada en el debate público, pero que no forma parte de las categorías científicas de referencia. El término posiblemente surgió porque algunos modelos prevén que el actual evento podría superar la intensidad de episodios muy fuertes como los de 1982/1983 y 2015/2016.

El cambio climático puede agravar los efectos

La especialista también vinculó el fenómeno con el contexto de calentamiento global. Según explicó, el aumento de la temperatura del planeta está modificando los patrones climáticos y puede exacerbar los eventos extremos, tanto de precipitación como de temperatura.

En el sudeste de Sudamérica, y particularmente en el Litoral y el noreste argentino, El Niño puede favorecer lluvias abundantes, tormentas, crecientes e inundaciones. El cambio climático, advirtió, podría potenciar esos impactos.

De todos modos, Müller insistió en que no es posible anticipar con exactitud cuánto lloverá, qué zonas serán afectadas o qué altura alcanzarán los ríos.

“Por la experiencia de otros eventos similares podemos prever contingencias por excesos de lluvia, crecientes e inundaciones en la región”, afirmó. Y remarcó que la planificación basada en evidencia resulta clave para reducir los riesgos.

Desde el CEVARCAM, agregó, se busca poner a disposición el conocimiento científico, las herramientas y la experiencia acumulada para transformar la información climática en recursos útiles para la toma de decisiones y la gestión del riesgo hídrico.