El debate por la prohibición de los trapitos en Rosario vuelve a ocupar un lugar central en la agenda política. Y el concejal Federico Lifschitz tiene una postura contundente: quiere una prohibición total, sin excepciones y sin margen para que una futura gestión municipal pueda dar marcha atrás con la medida.
Entrevistado por Marcelo Fernández en Radio Fisherton, el edil planteó sus diferencias con el proyecto enviado por el Ejecutivo municipal, que propone adherir a la legislación provincial para avanzar sobre la actividad de cuidacoches. Si bien valoró que finalmente se haya puesto en marcha el tratamiento legislativo, advirtió que el texto contiene aspectos que deben modificarse para evitar interpretaciones ambiguas.
“Prohibición total, sin lugar a ninguna duda, sin vueltas”, resumió Lifschitz al explicar su posición. Y apuntó directamente contra uno de los puntos que más le preocupan: la posibilidad de que el municipio pueda otorgar excepciones de manera discrecional.
Para el concejal, esa facultad representa un riesgo concreto porque podría dejar abierta la puerta a una legalización encubierta de la actividad. Incluso fue más allá y planteó un escenario político hipotético: si mañana cambia el intendente, el proyecto tal como está permitiría que una nueva gestión vuelva a habilitar los cuidacoches sin necesidad de pasar por el Concejo Municipal.
“Me parece que no es momento para dejar la puerta abierta a que el día de mañana venga un intendente y dé marcha atrás con esto”, sostuvo.
En ese sentido, Lifschitz propuso que cualquier excepción futura deba ser discutida y aprobada por el Concejo Municipal, y no quedar exclusivamente en manos del Ejecutivo de turno. “Si el día de mañana hay un intendente que quiere otorgar alguna excepción, que se discuta en el Concejo Municipal”, remarcó.
Las zonas grises del proyecto
Otro de los puntos que cuestionó tiene que ver con determinadas situaciones contempladas en la iniciativa, como las actividades vinculadas a colectividades o cooperativas que desarrollan tareas de cuidado de vehículos en algunos sectores de la ciudad.
El edil puso como ejemplo el caso de una cooperadora que trabaja en la zona de La Florida y que fue recibida en la Comisión de Obras Públicas. Según relató, se trata de una actividad informal que, incluso durante el año, puede generar conflictos con otros cuidacoches y situaciones de enfrentamiento.
“No queda claro por qué el Estado tiene que concesionar espacio público para que se lleve adelante una actividad con un fin recaudatorio”, cuestionó, aunque aclaró que no desconoce las buenas intenciones de quienes integran esas organizaciones.
Para Lifschitz, el problema es que contemplar excepciones desde el inicio puede terminar debilitando el objetivo central de la norma.
El desafío de hacer cumplir la prohibición
Más allá de la discusión legislativa, el concejal reconoció que la implementación de la medida será uno de los principales desafíos. Marcelo Fernández planteó durante la entrevista las dificultades que pueden aparecer en la calle, especialmente en los alrededores de los estadios y durante eventos masivos, donde los cuidacoches suelen exigir sumas de dinero cada vez más elevadas.
Lifschitz consideró que la ley provincial otorga mayores herramientas a la Policía para asistir a las áreas municipales de control y sostuvo que una mayor presencia territorial podría permitir ordenar buena parte del problema.
Según estimó, entre el 70% y el 80% de los trapitos se concentra en el centro, Pichincha y la Costanera Norte, además de los alrededores de estadios y espacios donde se realizan eventos culturales y deportivos.
También advirtió que el proyecto debe contemplar mecanismos de aplicación realmente efectivos. En particular, puso en duda la utilidad de establecer multas para personas que pueden ser insolventes y cuestionó cómo se instrumentarán los controles en la práctica.
“Tenemos que pulir el proyecto para que realmente salga algo superador, algo que esté a la altura de las expectativas de los rosarinos”, afirmó.
Uber y los taxis: servicios que no compiten en igualdad de condiciones
Durante la charla en Radio Fisherton, Lifschitz también se refirió a la regulación de las aplicaciones de transporte, como Uber y DiDi, y consideró que el Estado municipal avanzó más de lo necesario.
A su entender, hubiera alcanzado con suspender las sanciones previstas para quienes trabajan con esas plataformas y permitir que la actividad continuara funcionando sin incorporar nuevas exigencias.
“No era necesario que el Estado se involucre tanto. Para mí alcanzaba con suspender todo tipo de sanción y dejar que funcione”, señaló.
El concejal advirtió que será difícil controlar el cumplimiento de todos los requisitos establecidos y que las plataformas tecnológicas podrían resistirse a las regulaciones. También cuestionó la posibilidad de exigir condiciones que luego el municipio no tenga capacidad real de fiscalizar.
Sobre la convivencia entre taxis y aplicaciones, sostuvo que se trata de servicios diferentes y que nunca estarán en igualdad de condiciones.
“Uno es un servicio público, el otro es un servicio privado”, explicó. Y utilizó una comparación contundente para describir el avance de las nuevas tecnologías: “Es como que el dueño de Blockbuster se haya enojado con Netflix”.
Para Lifschitz, los cambios en los hábitos de consumo y movilidad son una realidad a la que el Estado debe adaptarse, incluso cuando afectan intereses económicos establecidos.
La Fundación Miguel Lifschitz y el recuerdo de su padre
Otro de los temas abordados fue la reciente presentación de la Fundación Miguel Lifschitz, espacio que lleva el nombre de su padre, exintendente de Rosario y exgobernador de Santa Fe.
El concejal explicó que la iniciativa no busca quedarse en un homenaje nostálgico, sino recuperar algunas de las características que marcaron su trayectoria: la pluralidad, la capacidad de construir consensos, la formación de equipos técnicos y, fundamentalmente, la vocación de hacer.
Destacó además que el recuerdo de Miguel Lifschitz continúa vigente entre rosarinos y santafesinos, incluso entre personas que no compartieron su espacio político.
“Si hay algo que lo caracterizó a él es el hacer”, expresó. Y planteó que la fundación pretende convertirse en una herramienta para transformar ideas y proyectos de distintos sectores en propuestas concretas para la ciudad y la provincia.
¿Quiere ser intendente de Rosario?
Sobre el final de la entrevista, Marcelo Fernández le preguntó si mantiene su intención de competir por la Intendencia de Rosario. Lifschitz no esquivó la respuesta y reconoció que se trata de una aspiración personal.
“Me encantaría ser intendente. Tenemos una enorme vocación y nos preparamos todos los días para gobernar esta ciudad”, afirmó.
Sin embargo, aclaró que su eventual candidatura dependerá del escenario político y de cómo se ordene el frente Unidos. Sostuvo que el espacio cuenta con dirigentes valiosos y que lo importante será construir la mejor propuesta electoral.
También dejó abierta la posibilidad de ocupar otro lugar si considera que puede realizar un aporte mayor desde otra función.
Por ahora, su posición sobre los trapitos es inequívoca: quiere una prohibición total, sin excepciones y con herramientas concretas para garantizar que la norma se cumpla en las calles de Rosario.