La pobreza infantil en Argentina continúa en niveles alarmantes. Según un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, el 53,6% de los niños y adolescentes fue pobre en 2025, mientras que el 10,7% cayó en la indigencia.
Aunque estos datos representan una mejora respecto a 2024, el problema sigue siendo estructural y más grave que una década atrás. En 2010, la pobreza infantil era del 45,2%, pero tras altibajos, alcanzó un pico de 62,9% en 2023.
Alimentación: una urgencia que no cede
El informe revela que el 28,8% de los chicos sufrió inseguridad alimentaria en 2025, y dentro de ese grupo, el 13,2% atravesó situaciones severas.
Además, la asistencia alimentaria llegó al 64,8%, el nivel más alto registrado, lo que evidencia una dependencia creciente de comedores y programas sociales.
Ayuda estatal insuficiente
La cobertura de políticas como la Asignación Universal por Hijo alcanzó al 42,5% de los niños. Sin embargo, la investigadora Ianina Tuñón advirtió que estas transferencias no fueron diseñadas para cubrir todos los ingresos del hogar, por lo que resultan insuficientes para revertir la pobreza sin mejoras en el empleo adulto.
Privaciones múltiples
El estudio también muestra otras dimensiones críticas:
- 19,8% dejó de ir al médico o dentista por razones económicas.
- 18,1% vive en viviendas precarias.
- 20,9% sufre hacinamiento.
- 42% no tiene acceso adecuado a saneamiento.
- 37,5% enfrenta carencias en vestimenta.
Una mejora que no alcanza
Si bien los indicadores recientes muestran cierta recuperación tras los peores años, la tendencia de largo plazo sigue siendo negativa.
La conclusión es contundente: la pobreza infantil en Argentina no solo persiste, sino que se consolidó como uno de los problemas más profundos y difíciles de revertir, atravesando no solo los ingresos, sino también la alimentación, la salud y las condiciones de vida.
