incumplimiento financiero

Bioceres asumió una pérdida patrimonial superior a los US$179 millones

Bioceres Crop Solutions quedó atravesada por una de las mayores crisis de su historia reciente luego de reconocer una pérdida patrimonial de US$179 millones vinculada a la ejecución de activos de ProFarm, su negocio en Estados Unidos y Europa. Pese al golpe, la compañía asegura que seguirá adelante con un plan de reestructuración financiera y defensa judicial.

Bioceres Crop Solutions quedó atravesada por una de las mayores crisis de su historia reciente luego de reconocer una pérdida patrimonial de US$179 millones vinculada a la ejecución de activos de ProFarm, su negocio en Estados Unidos y Europa. La compañía informó el impacto en su presentación ante la SEC y, al mismo tiempo, salió a transmitir un mensaje de resistencia: pese al golpe, asegura que seguirá adelante con un plan de reestructuración financiera y defensa judicial.

En el centro de esa estrategia quedó Federico Trucco. El CEO de la firma les envió una carta a los accionistas para asumir la magnitud del problema, cuestionar el proceso que derivó en la subasta de ProFarm y, a la vez, intentar sostener la confianza en el negocio que permanece operativo. Según planteó, la empresa no considera que la ejecución se haya desarrollado en condiciones comercialmente razonables y por eso decidió avanzar con todas las herramientas legales disponibles, incluidas contrademandas.

El episodio que desencadenó la pérdida se remonta al incumplimiento de obligaciones financieras por parte de BIOX en 2025. A partir de allí, un grupo de acreedores inició acciones judiciales en Nueva York por un impago de US$106 millones, un proceso que terminó con la subasta de ProFarm en apenas US$15 millones. Como el valor contable de los activos netos sometidos a ejecución rondaba los US$194 millones, la diferencia derivó en el reconocimiento de un deterioro patrimonial de US$179 millones.

En su mensaje, Trucco buscó separar ese frente del resto de la estructura operativa. Señaló que, tras la caída de ProFarm, el núcleo del negocio sigue apoyado en la Argentina y en las plataformas tecnológicas principales de la compañía. En ese sentido, presentó a Rizobacter como una pieza central del intento de estabilización, luego de que la firma lograra refinanciar obligaciones negociables por un saldo de capital pendiente de US$3,8 millones y extendiera vencimientos hasta septiembre de 2029.

Sin embargo, el propio ejecutivo evitó maquillar la gravedad del cuadro. En la carta reconoció que persisten dudas sustanciales sobre la capacidad de Bioceres para continuar operando como empresa en funcionamiento, una advertencia que remite a la necesidad urgente de conseguir financiamiento adicional y reordenar la estructura de capital. También anticipó que la firma evalúa vender activos y explorar nuevas fuentes de fondeo de largo plazo.

Más allá del revés patrimonial, Trucco intentó mostrar que la empresa todavía conserva una base para sostenerse. Afirmó que los tres segmentos de negocios mantuvieron un margen bruto consolidado del 40% en lo que va del ejercicio y atribuyó parte de la tensión financiera al mal momento que atraviesan los productores argentinos, golpeados por precios débiles de los granos y un escenario crediticio más restrictivo. Sobre esa base, prometió priorizar rentabilidad, generación de caja y disciplina en el manejo del capital de trabajo.

El directorio, de hecho, ya instruyó a la gerencia para elaborar un plan financiero integral a tres años centrado exclusivamente en las operaciones continuas, es decir, sin incluir a ProFarm. La intención es definir un esquema creíble de recuperación que permita mejorar resultados, restablecer confianza y demostrar que Bioceres puede sostenerse sin el activo que terminó rematado.

Así, la crisis dejó a Trucco en un papel decisivo: no solo como vocero de una empresa golpeada, sino como el encargado de convencer al mercado de que Bioceres todavía tiene margen para sobrevivir. Por ahora, el mensaje oficial combina admisión del daño, litigio abierto con acreedores y una apuesta a reconstruir la compañía desde su base local. El desafío será demostrar que esa promesa puede transformarse en resultados.