La carne vacuna, emblema histórico de la mesa argentina, atraviesa uno de los momentos más complejos de las últimas décadas. El consumo per cápita alcanzó los 47,3 kilos anuales en 2025, el nivel más bajo de los últimos 20 años y muy lejos de los 69,4 kilos registrados en 2008.
La principal razón detrás de esta caída es el fuerte encarecimiento de la carne vacuna por encima de la inflación y de los ingresos de los hogares. Durante 2025, los precios del sector aumentaron 56,8%, mientras que la inflación acumulada fue del 31,5%.
Este escenario obligó a miles de familias a modificar sus hábitos de consumo. Los cortes más económicos, las guarniciones más abundantes y una mayor presencia de carne de cerdo y pollo comenzaron a ganar espacio en las compras cotidianas.
La diferencia de precios entre las distintas proteínas se amplió significativamente durante el último año. Mientras la carne vacuna registró fuertes incrementos, el cerdo aumentó 29,4% y el pollo 19,2%.
La brecha quedó reflejada en el poder de compra de los consumidores. A comienzos de 2025, el valor de un kilo de asado equivalía aproximadamente a tres kilos de pollo fresco. Actualmente, esa relación se acerca a cuatro kilos. En el caso del cerdo, por cada kilo de asado hoy pueden adquirirse cerca de dos kilos de pechito, cuando un año atrás la relación era inferior a 1,5 kilos.
El desplazamiento de la demanda hacia proteínas más accesibles comenzó a tener impacto directo sobre los mercados porcino y avícola. La mayor demanda sostuvo los precios y mejoró los resultados de la producción porcina.
Mayo de 2026 se convirtió, junto con mayo de 2025, en uno de los pocos meses positivos para el negocio porcino en los últimos 25 años. La carne de cerdo se consolidó como una de las alternativas más elegidas por los consumidores ante la pérdida de competitividad de la carne vacuna.
Sin embargo, el crecimiento de la demanda también comenzó a ejercer presión sobre los precios. Durante mayo, el Índice de Carne de Cerdo registró una suba del 2,5%, con una aceleración respecto de los meses previos.
La situación genera una paradoja en el mercado cárnico argentino. Pese a la caída del consumo interno, los precios de la carne vacuna continúan en niveles históricamente elevados. Durante los primeros meses de 2026, tanto la hacienda como los principales cortes alcanzaron máximos reales, profundizando el alejamiento de este producto del consumo habitual de una parte creciente de la población.
